Concurso de acreedores

Concurso de acreedores

¿En qué consiste un concurso de acreedores?

Cuando una empresa (o una persona física) no está en disposición de atender sus obligaciones ( dicho de otro modo, de pagar sus deudas), se encuentra en “situación de insolvencia”.

Puede ocurrir incluso que se disponga de un patrimonio con valor superior a sus deudas, pero el hecho de que no se puede pagar regularmente aquello que le  corresponde sitúa a la empresa en una situación es de insolvencia.

Ante esta situación, se pueden (y deben) contemplar estas acciones:

  1. Buscar recursos para remontar la situación (solicitar créditos, ventas de bienes, aumentos de capital, …) o,
  2. Presentar concurso de acreedores.

Por tanto, presentar concurso de acreedores equivale a comunicar públicamente y a través de los órganos judiciales que no se pueden atender las deudas y que ello va a traer consecuencias para una pluralidad de acreedores.

¿Qué significa concurso voluntario y concurso necesario?

En Ramis Abogados hemos reparado en que esta distinción provoca dudas entre nuestros clientes en Mallorca, cuando la diferenciación es fácil.

Si se da esa situación de insolvencia, puede ocurrir que:

  1. El deudor cumpla con su deber, acuda al Juzgado y solicite que se le declare en concurso de acreedores (concurso de acreedores voluntario), pero
  2. También puede ocurrir que no lo haga (concurso de acreedores necesario). En este caso no resulta deseable que la situación continúe indefinidamente ya que nos encontramos ante una empresa o persona que en apariencia está en condiciones de llevar a cabo una actividad comercial normal, cuando lo cierto es que no puede atender sus obligaciones y su actividad puede  perjudicar a más personas. Por ello la Ley permite que cualquier interesado acuda al Juzgado y solicite que esa persona (física o jurídica) deudora sea declarada en concurso de acreedores.

Cómo se tramita y cómo acaba el concurso de acreedores?

Declarado el concurso, se sigue el complejo proceso  que la Ley concursal establece para que haya orden dentro del caos que puede provocar el incumplimiento sistemático de quien no atiende sus obligaciones.

Esta tramitación se dirige desde el Juzgado con la colaboración del Administrador concursal (economista o abogado designado por el Juzgado para vigilar el cumplimiento de la Ley concursal en esa difícil situación).

El concurso puede acabar de varias formas, pero dejando de lado lo que dispone el art. 176 “Causas de conclusión [del concurso]”, trataremos de ser concisos y decir que el concurso puede acabar de dos formas:

  1. Con convenio. Es lo que desea el legislador (y los Juzgados así lo entienden habitualmente, dando si pueden facilidades, pues permite la supervivencia de la empresa). Esta situación es la que antiguamente se llamaba suspensión de pagos (en caso de persona jurídica) o quita y espera (si se trataba de persona física). Supone que dentro del concurso el deudor ha conseguido un acuerdo con sus acreedores (o parte de ellos) por el que éstos -normalmente- aceptan reducir la deuda (se traduce a perdonar una parte) y/o alargar el plazo para cobrarla.
  2. Con liquidación. Si no se alcanza ese deseable convenio, obviamente, no queda otro remedio que liquidar la empresa. Es lo que antes se llamaba quiebra (para las personas jurídicas) o concurso de acreedores (si se trata de personas físicas). Supone que no se ha conseguido ningún acuerdo por lo que no queda otra alternativa que vender del mejor modo posible los bienes y derechos del deudor, recuperar lo posible con dichas operaciones ello y repartirlo entre los acreedores (por el orden que establece la Ley concursal) hasta donde alcance. Todos aquellos créditos que no se cubran con el dinero recuperado, en principio quedarán sin cobrar.

El final preferido por ley y jueces:

Intentar la posibilidad de alcanzar un convenio a través del cual se nos perdone una parte de la deuda y/o se alargue varios años el plazo para pagarla.

Si eso no es posible, se deberá liquidar la sociedad o los bienes de la persona física, vendiéndose aquellos bienes que se tengan para pagar   a los acreedores hasta donde alcance.

Finalmente, si hemos obrado correctamente, se determinará que no tenemos responsabilidad (calificando el concurso como fortuito); si hemos obrado incorrectamente o hemos demorado la presentación más tiempo del que permite la Ley cabe la posibilidad de que se nos responsabilice (calificación del concurso como culpable).

¿Es obligatorio presentar el Concurso de Acreedores ante una situación de insolvencia?

Sí, porque de no hacerlo, se podrían generar responsabilidad contra el administrador que omitió cumplir con su deber. La ley contempla diferentes plazos para la presentación del concurso de acreedores dependiendo el contexto del mismo.

Por ejemplo, conforme a la normativa concursal, en el plazo de dos meses desde que se conozca o se haya debido conocer la situación de insolvencia se debe presentar el concurso de acreedores. No obstante, con la presente situación de crisis sanitaria por el COVID-19, se da un margen hasta diciembre en el que las empresas no tienen la obligación de presentar concurso de acreedores, pese a encontrarse en situación de insolvencia. Así mismo, durante este mismo plazo, tampoco se puede solicitar el concurso necesario de aquellas empresas o personas físicas que se encuentren en insolvencia.

¿Cuáles son las ventajas de contar con Ramis Abogados en su proceso de concurso de acreedores?

Ramis Abogados le acompañará durante este viaje brindándole las herramientas jurídicas más idóneas para su caso. Nuestra vasta experiencia en procesos concursales durante más de 25 años (tanto en la defensa del deudor como en la defensa de los intereses del acreedor) no solo nos posiciona como un despacho puntero en Baleares sino que, además, nos permite ofrecer a nuestros clientes una tranquilidad que marca la diferencia en una situación tan compleja y excepcional.

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